La panadería realiza hoy su última venta al público, pero extenderá su producción de hojaldres por encargo aún unos días más
La panadería Sánchez Alcázar echa el cerrojo hoy, domingo 18 de mayo, tras más de cincuenta años de recorrido en Tudela de Duero. El negocio nació en 1972 de la mano del padre del actual propietario. Tiempo después, su hijo y su nuera tomaron el relevo y, hasta el día de hoy, han sido Antonio y Mari Carmen los panaderos del pueblo.
Ninguno de los dos ha querido prestar declaraciones a los medios respecto al cierre, pero es vox populi que se trata de un suceso que conmociona, de forma general, a los vecinos y que supondrá el comienzo de una nueva etapa en el pueblo. Lo que más se echará de menos, según comentan los vecinos, es el producto estrella de la panadería: los pasteles de hojaldre. Tanto es así, que muchos no han dudado en acercarse en este día y comprarlos por última vez. Incluso hay empresas y particulares que han encargado los pasteles con antelación y la panadería seguirá produciendo algunos días más, sin venta al público, hasta suplir todas estas demandas.
El evento deja desprovistos, por el momento, a quienes compraban en Alcázar a diario pero, también, a los comercios locales. Jesús Potente (‘Chuchi’), propietario del famoso bar Donde Chuchi, lleva casi veinte años contando con el pan de Alcázar para todos sus platos. Para él, el cierre de la panadería es algo repentino, porque esperaba «que durasen algunos años más». Sin embargo, dice tener claro que la situación se normalizará con el tiempo.
Por otra parte, Víctor Juste ha sido también un cliente habitual de los panaderos y mantiene con ellos una estrecha relación. «Mari es muy dada a los demás, entrega su vida a los clientes», explica. Juste regenta otro conocido bar del pueblo, el Café Goya, y señala que, con el cierre de Alcázar, se acaba un negocio «de una gran calidad y productos muy buenos, además de gente seria y amable».
Los comercios a los que solía proveer Alcázar pasarán, en su mayoría, a ser clientes del otro gran horno del pueblo, la Panificadora Tudelana, cuando no de la franquicia Menta y Chocolate. De esta forma, se inicia una nueva etapa en Tudela de Duero, con uno menos de esos pequeños comercios locales que han esculpido su identidad a lo largo del tiempo.



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