El 12 de julio, la fábrica cesará su producción y procederá al despido de 28 trabajadores
Las negociaciones en torno al cierre de Nanta culminaron la semana pasada con la firma del desmantelamiento total de la fábrica. Se prevé que este se haga efectivo el día 15 de julio, tras el despido acordado de la plantilla. Así, llegan a su fin 56 años de producción, trabajo e historia, que comenzaron en Tudela de Duero con la fundación de esta factoría.
La oferta final de la empresa establece que los días de indemnización por año trabajado serán 30 o 40, según la diferente antigüedad de los trabajadores, con un máximo de 22 mensualidades en ambos casos. A esto se suma el pago equivalente a una semana de vacaciones en cuanto se produzca la liquidación. En contraste, la oferta de inicial de la empresa pretendía otorgar 20 días de indemnización por a por año trabajado con un tope de doce mensualidades (el mínimo legal).
Por otra parte, se han ofrecido nueve recolocaciones, de las cuales sólo se han cubierto tres: «No todo el mundo se puede ir a Zamora por un trabajo, con familia y todo», asegura un empleado de la fábrica (que ha preferido no revelar su identidad). Para aquellos que se acojan a las recolocaciones se expedirán 700 euros mensuales de ayuda al alquiler durante dos años (que partían de 400 en la oferta inicial), más unos 3.000 euros en gastos de mudanza. Además, se contará con una paga por antigüedad de entre 1.000 y 4.000 euros, según los años trabajados.
El empleado de Nanta que ha concedido entrevista a este diario afirma, respecto a la oferta final: «Nunca vas a estar conforme cuando te han despedido de un trabajo, pero bueno, podíamos haber quedado peor. Nos ofrecieron el mínimo y se insistió hasta llegar a un acuerdo».
Las negociaciones se han llevado a cabo con la presencia sindical de por medio, como está establecido en el marco legal. Sin embargo, este trabajador piensa que los sindicatos «no han aportado gran cosa» y asegura que se ha negociado, fundamentalmente, «entre los jefes y los trabajadores».
En contraposición, considera que el pueblo y las instituciones públicas de Tudela sí han sido de gran ayuda, especialmente a través de las redes sociales. «De todas formas, parece que esto (el cierre de Nanta) ya estaba decidido antes de comunicárselo a los trabajadores, pero creo que el pueblo y el Ayuntamiento sí se han volcado por la causa», relata.
El entrevistado alerta cambios tempranos en la situación laboral del entorno tudelano y alude a la empresa de metales que hasta ahora ha llevado el mantenimiento de la factoría: «Siempre tenía allí un trabajador y ya no está».
Así pues, pronostica que «dentro de un tiempo nos habremos dejado quitar otra fábrica», la última de las que poseía Tudela de Duero.
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