Hoy, 10 de abril, se cumplen 177 años del nacimiento de Joseph Pulitzer, una de las figuras más polémicas y relevantes en la historia del periodismo.
La historia de Joseph Pulitzer
Originario de Hungría, con tal solo 17 años viajó a Estados Unidos como recluta de la guerra de Secesión. Finalizada la contienda, permaneció en el país y aprendió el idioma por su cuenta, mientras trabajaba en aquello que pudiera conseguir. En una ocasión, fue estafado por unos supuestos anunciantes de empleo y la prensa le pidió que redactara para ellos su experiencia.
Lo que empezó como un desafortunado incidente, acabó por abrirle las puertas del mundo de los medios de comunicación. Pulitzer logró formarse y ascender en el ámbito profesional, hasta hacerse propietario de varios medios relevantes, como el New York World, donde realmente se forjó su fama universal a raíz de sus artículos sensacionalistas.
Pero, a medida que crecían sus negocios, también aumentaban sus enemigos. William R. Hearst, gerente del New York Journal, llegó a ser su mayor rival. Los dos magnates compitieron con tal desmesura por el estilo más llamativo que dejaron de lado la calidad y veracidad de sus publicaciones. Pero la feroz carrera llegó a su límite en 1898, durante la cobertura mediática del hundimiento del Maine en La Habana, que acabó con el prestigio de ambos empresarios.
Tiempo después, en un intento de limpiar su imagen y demostrar su apoyo al periodismo de calidad, Pulitzer se ofreció a financiar la primera escuela de periodismo, en la Universidad de Columbia, pero, contando con su deteriorada reputación, su iniciativa fue rechazada. No fue hasta inicios del siguiente siglo que se decidió retomar el proyecto, para el cual se contó con una cuantiosa donación que el empresario legó ad hoc en su testamento.
Los premios más prestigiosos del periodismo
En 1917 (seis años después de su muerte), se fundaron los premios que llevan su nombre, los Pulitzer, a pesar de que el periodista, años atrás, había sido la encarnación de mala praxis en su profesión. Sin embargo, estos galardones son, hoy en día, el más alto reconocimiento de la labor periodística, símbolo de compromiso social y calidad informativa.
El primer Pulitzer se entregó, en el año de su fundación, al norteamericano Herbert Bayard Swope por su artículo Inside the German Empire. Desde entonces, su concesión se ha celebrado anualmente para enaltecer el trabajo de comunicadores (y profesionales de otras disciplinas) como Javier Bauluz, el primer periodista español en recibir un Pulitzer, en 1995. Este año, la ceremonia está prevista para el 6 de mayo y, como siempre, la entrega de los galardones la realizará el presidente de la Universidad de Columbia.
Sensacionalismo, amarillismo o mal periodismo
Aunque los conceptos «sensacionalismo» y «amarillismo» tengan matices que los diferencian, lo cierto es que ambos son pésimas prácticas periodísticas en tanto que su intención no es informar – el principal cometido de los medios de comunicación – sino llamar la atención del lector para generar mayores ventas de ejemplares.
El término «amarillismo» tiene su origen en una estrategia empleada en el New York Journal (el diario de Hearst) que consistía en presentar noticias de crímenes o catástrofes en las primeras páginas del periódico para atraer el interés del lector y, junto a ellas, aparecía una caricatura amarilla que originó el término. Por su parte, el sensacionalismo se refiere a la práctica de profundizar con intención morbosa en estos sucesos y servirse de la manipulación emocional y psicológica del público.
El mayor delito de quienes producen y difunden noticias sensacionalistas es descuidar la responsabilidad social que adquiere todo agente informativo, denigrar con ello el periodismo de calidad y a los profesionales que lo practican, y promover tendencias que amenazan uno de los pilares fundamentales de la democracia: el derecho a la información.
Por eso (y a pesar de la historia detrás de su nombre), los premios Pulitzer premian hoy a aquellos periodistas que, con su trabajo, tratan de mejorar el mundo y proteger los derechos humanos, perpetuando, en el acto, el buen periodismo.






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