‘Una Habitación Propia’:  la naturaleza de la literatura femenina

Un repaso de las aportaciones de Virginia Woolf sobre la mujer en la literatura con motivo del 8M

Hablar de la mujer en la literatura es hablar, como en muchos otros casos, de una batalla histórica. Es indagar en la esencia misma del sexo femenino y la envoltura temporal que ha condicionado su obra para que sea de una forma y no de otra. Es esto lo que viene a contar Virginia Woolf en su libro Una Habitación Propia, un ensayo sobre la íntima relación de la mujer y la novela.

¿Por qué precisamente la novela? Porque las primeras obras literarias de gran peso escritas por mujeres son novelas. En ningún caso esto quiere decir que hasta el auge de este formato (siglo XIX) no existiera creación literaria femenina de grandioso valor. Pero la realidad es que, hasta esas alturas de la historia, no es posible dibujar un paradigma real de la autoría femenina. Y en este contexto, el género pionero es la novela. ¿Por qué?

Según Virginia Woolf, los motivos tienen mucho que ver con la condición habitual de la mujer en la época, especialmente, la mujer de clase media: a principios del siglo XIX, las familias de clase media no ostentaban más aposentos comunes que una única sala de estar, en la que compartían la cotidianeidad todos los miembros del hogar. Los dormitorios, por entonces, no solían estar dispuestos para otras necesidades distintas de las básicas. Una mujer que deseara escribir no tenía más remedio que intentarlo en la sala de estar.

«Las mujeres nunca disponían de media hora […] que pudieran llamar suya», recuerda la autora citando a Miss Florence Nightingale, escritora británica, además de enfermera. Por eso, dice Woolf, escribían novela y no lírica, porque el segundo es un género que demanda el sosiego y la concentración que difícilmente se hallan en una habitación común. La novela se adapta bastante mejor a las interrupciones e imprevistos, el ruido o el ajetreo diario.

Escribían, además, un tipo de novela muy concreto, enfocado a las emociones y relaciones humanas, principalmente. Una mujer de aquel tiempo no hubiera escrito Cinco Semanas en Globo, porque jamás hubiera tenido el acceso a la formación necesaria – que sí tuvieron hombres como Julio Verne – para confeccionar una obra similar. La fuente de su conocimiento era en mayor medida la práctica de observar y analizar el comportamiento humano en su reservado entorno. El sexo relegado a las labores del hogar y el cuidado de la familia no tenía permitido salir en solitario a la calle, viajar y a duras penas instruirse. No sabía del mundo más que aquello que podía interiorizar de las conversaciones, las interacciones y las rutinas del hogar.

Por eso las mujeres crearon obras como Orgullo y Prejuicio(Jane Austen), porque algunas de ellas supieron plasmar su único conocimiento de la vida en forma de literatura, en el caos de una habitación compartida. ¿Acaso se pueden comparar las obras de Verne y Austen? ¿Es más valiosa una novela de aventura y ciencia que una sobre los sentimientos humanos? La respuesta, quizás, es más compleja de lo que parece, pero Woolf, en su libro, deja clara su postura.

La autora es directa en su discurso: sin dinero, es difícil triunfar como escritor. El dinero, según Woolf, significa independencia, libertad, además de tranquilidad. Si una mujer no es independiente, si vive más preocupada por su situación económica que por sus reflexiones internas, difícilmente puede ocupar su mente y su tiempo en la creación literaria. Es una visión cruda, quizá algo materialista, de la vida, pero sin duda realista.

«Cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida, al parecer, estimulante», explica Virginia Woolf.

He aquí su segundo requisito para la liberación literaria de la mujer: la posesión de una habitación propia. La justificación ya está dicha: los géneros y las reflexiones más íntimas no pueden surgir en una sala de estar común, en medio del ajetreo diario y las interrupciones. Cualquier persona dispuesta a concebir una obra artística precisa de la privacidad que ofrece un cuarto dispuesto para tal fin, que es sinónimo del derecho a la creación.

«Si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad […] entonces llegará la oportunidad». Esto es, según Woolf, la oportunidad de escribir nuevos géneros, más allá de los límites impuestos a las mujeres de la época.

Virginia Woolf demuestra en su ensayo que la novela tuvo que ser el género que hiciera hueco al pensamiento femenino en los estantes de literatura, pues ningún otro se adaptaba igual a la situación de la mujer siglos atrás. No obstante, recuerda que las primeras novelistas deben su éxito a quienes las precedieron y se encargaron de abrir camino a su sexo en el universo masculino de la tinta y el papel, incubando incluso otros géneros que, por su naturaleza complicada, no nacieron en manos femeninas hasta algún tiempo después.

Así mismo, las escritoras del presente deben su voz, su elocuencia y libertad a las novelistas del siglo XIX y a todas las que, desde entonces, continuaron la batalla en el campo de las letras. Así lo dijo Woolf: «Las obras maestras no son realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento común».

Te puede interesar

¡Tu opinión cuenta! Valora este artículo:

Puntuación: 5 de 5.

Descubre más desde Diario Tudela

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más en Diario Tudela

¡Suscríbete ahora para no perderte ninguna información!

Seguir leyendo